Una revolución pasiva al final de la crisis

Según dice Rajoy, ya estamos saliendo de la crisis. Y puede que al decirlo, sea sincero en lo que piensa: Las empresas españolas disparan sus beneficios tras años de caídas… aunque siguan destruyendo empleo. Desde su perspectiva, desde los criterios de los grandes empresarios y las clases dominantes, estamos creciendo!. En enero el FMI auguraba que la economía española crecería un 2% este año y un 1,8% el siguiente. Y todo esto, mientras el drama de la pobreza y el paro no remite.

En el plano político muchas personas mantenemos esperanzas de cambio. La indignación se ha ido transformando en organización y se cuestionan las medidas del neoliberalismo mientras la corrupción aparece ligada a los mismos políticos que promovieron los recortes.

Sin embargo, la conflictividad laboral ha remitido este último año. La cantidad de huelgas ha disminuido, aún la espectacularidad y combatividad de algunas concretas (caso de la lucha en Coca-Cola, por ejemplo). En educación sin ir más lejos, este principio de curso para CCOO no fue posible convocar huelga pese a nuestro interés en que fuera estatal y a todos los niveles, debido a la falta de voluntad de algunas organizaciones. En síntesis, nos encontramos ante un desplazamiento de las esperanzas y las fuerzas depositadas en la movilización, hacia la contienda electoral de mayo y noviembre.

Porque a nivel político han surgido fuerzas novedosas que plantean distintos elementos al debate político. Pero no se nos puede escapar que realmente no suponen un peligro real para las clases dominantes. Ante la posibilidad del fin del bipartidismo, la banca parece despreocupada y sin soltar la sartén del mango. En palabras de Francisco Gonzalez, presidente del BBVA “Lo importante es un gobierno estable; el color político da lo mismo”. Aseguran esperar cuatro años “muy buenos” (se entiende que para él y los de su clase), mientras expresa nítidamente que  “no es un tema ideológico. No se trata de eso. No tengo ninguna ideología. Mi única ideología es la de la economía de mercado”. O en palabras igual de claras de la patronal valenciana después de oir a Montiel, candidato de Podemos a la Generalitat tras tomar un café con sus líderes: “Podemos no muerde”.

Así que la oportunidad política de un cambio real de profundización de la democracia, de mejora de las condiciones de vida de trabajadores y trabajadoras, ante la posibilidad de un cambio en la correlación de fuerzas a favor de las clases subalternas puede esfumarse delante de nuestros ojos. ¿Qué posición tomar ante los nuevos panoramas políticos y sociales que se nos avecinan?.

Para momentos políticos como los actuales, creo que vale la pena retomar el análisis a partir de conceptos como el de “revolución pasiva” en Gramsci. Una revolución pasiva se puede concretar en aspectos progresivos de cambio, durante tiempos de posibilidades transformadoras, que llegan a ser disminuidos con el tiempo hasta resultar en la reconstitución de relaciones sociales dentro de un nuevo orden donde las clases dominantes restauran su hegemonía. Por eso, para referirse a estos procesos sociales, también se utiliza la expresión “revolución-restauración”. Porque es la propia clase dominante quien restaura el orden social después de haber minimizado, y luego absorbido, parte de las reivindicaciones políticas que la cuestionaban, con el fin de consolidar el dominio.

“La clase dirigente tradicional, que cuenta con un numeroso personal frase-decir-la-verdad-es-siempre-revolucionario-antonio-gramsci-142675adiestrado, cambia los hombres y los programas y se hace nuevamente con el control que se le estaba escapando de las manos, y puede hacer todo esto con mayor celeridad que las clases subalternas; hace sacrificios, si es preciso, se expone a un futuro oscuro con promesas demagógicas, pero conserva el poder, lo refuerza de momento y lo utiliza para aplastar al adversario […]” (Cuaderno 13, Gramsci)

En la enseñanza valenciana creo que se podría hacer un análisis paralelo. Las pasadas elecciones sindicales (tanto en la escuela pública como en la escuela concertada), han supuesto a mi entender un reforzamiento de las posiciones corporativas y de los discursos “antipolíticos” y a veces “antisindicales”. De tal forma que un fenómeno muy significativo, coherente con el discurso que he comentado, ha sido el de una alta abstención: la participación en los procesos de elecciones sindicales en la escuela pública desde los 80 siempre fueron superiores al 60%, y en las de 2014 ha sido del 45%. Junto a ello parece haber calado en sectores mayoritarios de trabajadores y trabajadoras el relato de que “si algo hemos recuperado es porque nos lo merecíamos, porque se acercan las elecciones, y no porque la movilización tenga influencia alguna en ningún cambio”.

Además constatamos que la centralidad del discurso y de las posiciones de los sindicatos mayoritarios en la enseñanza valenciana pasan a estar alrededor de demandas con tintes corporativos, destinadas a colectivos particulares de trabajadores y trabajadoras (frente a otros colectivos). En vez de avanzar en un contexto de crisis económica y amplio rechazo a las políticas de recortes, hacia el discurso de crítica global, se parcializan y dividen las luchas. Frente a las demandas del conjunto de trabajadores y trabajadoras y frente al conjunto de la comunidad educativa. Basta recorrer las webs de algunos sindicatos de enseñanza valenciana para que un lector atento lo pueda contrastar rápidamente.

Un ejemplo muy evidente es el papel que cada organización otorga en su propuesta político-sindical a una movilización de carácter amplio, unitaria y de clase como es la manifestación de País Valenciano del próximo 9 de mayo por el cambio educativo.

En resumen, en los mundos político y sindical, vivimos un proceso de reorganización de fuerzas que pueden constituir lo que Gramsci llamaba una “revolución pasiva”. Está en marcha un proceso de cambios sociales y de ajuste en la correlación de fuerzas, dirigido por el mismo bloque dominante. El poder quiere una salida desde arriba y la derecha, y teme un cambio desde abajo y desde la izquierda. Pero en contextos sociales de cambio, también las fuerzas que aspiran a representar las aspiraciones e intereses de las clases subalternas están llamadas a jugar su papel político. También la pelota está en nuestro tejado.

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(Versió en valencià)

Una revolució passiva al final de la crisi

Segons diu Rajoy, ja estem eixint de la crisi. I pot ser que en dir-ho, siga sincer en el que pensa: Les empreses espanyoles disparen els seus beneficis després d’anys de caigudes… encara que sigeixen destruint ocupació. Des de la seua perspectiva, des dels criteris dels grans empresaris i les classes dominants, estem creixent!. Al gener el FMI augurava que l’economia espanyola creixeria un 2% enguany i un 1,8% el següent. I tot açò, mentre el drama de la pobresa i l’atur no s’atura.

En el plànol polític moltes persones mantenim esperances de canvi. La indignació s’ha anat transformant en organització i es qüestionen les mesures del neoliberalisme mentre la corrupció apareix lligada als mateixos polítics que van promoure les retallades.

No obstant açò, la conflictivitat laboral ha remès aquest últim any. La quantitat de vagues ha disminuït, encara l’espectacularitat i combativitat d’algunes concretes (cas de la lluita en Coca-cola, per exemple). En educació sense anar més lluny, aquest principi de curs per a CCOO no va ser possible convocar vaga malgrat el nostre interès en què fóra estatal i a tots els nivells, per la falta de voluntat d’algunes organitzacions. En síntesi, ens trobem davant un desplaçament de les esperances i les forces dipositades en la mobilització, cap a la contesa electoral de maig i novembre.

Perquè a nivell polític han sorgit forces noves que plantegen diferents elements al debat polític. Però no se’ns pot escapar que realment no suposen un perill real per a les classes dominants. Davant la possibilitat de la fi del bipartidisme, la banca sembla despreocupada i sense soltar la paella del mànec. En paraules de Francisco Gonzalez, president del BBVA “L’important és un govern estable; el color polític dóna el mateix”. Asseguren esperar quatre anys “molt bons” (s’entén que per a ell i els de la seua classe), mentre expressa nítidament que “no és un tema ideològic. No es tracta d’açò. No tinc cap ideologia. La meua única ideologia és la de l’economia de mercat”. O en paraules igual de clares de la patronal valenciana després de sentir a Montiel, candidat de Podem a la Generalitat després de prendre un cafè amb els seus líders: “Podem no mossega”.

Així que l’oportunitat política d’un canvi real d’aprofundiment de la democràcia, de millora de les condicions de vida de treballadors i treballadores, davant la possibilitat d’un canvi en la correlació de forces a favor de les classes subalternes pot esfumar-se davant dels nostres ulls. Quina posició prendre davant els nous panorames polítics i socials que se’ns acosten?.

Per a moments polítics com els actuals, crec que val la pena reprendre l’anàlisi a partir de conceptes com el de “revolució passiva” en Gramsci. Una revolució passiva es pot concretar en aspectes progressius de canvi, durant temps de possibilitats transformadores, que arriben a ser disminuïts amb el temps fins a resultar en la reconstitució de relacions socials dins d’un nou ordre on les classes dominants restauren la seua hegemonia. Per açò, per a referir-se a aquests processos socials, també s’utilitza l’expressió “revolució-restauracimages”. Perquè és la pròpia classe dominant qui restaura l’ordre social després d’haver minimitzat, i després absorbit, part de les reivindicacions polítiques que la qüestionaven, amb la finalitat de consolidar el domini.

“La classe dirigent tradicional, que compta amb un nombrós personal preparat, canvia els homes i els programes i es fa novament amb el control que se li estava escapant de les mans, i pot fer tot açò amb major celeritat que les classes subalternes; fa sacrificis, si cal, s’exposa a un futur fosc amb promeses demagògiques, però conserva el poder, ho reforça de moment i ho utilitza per a aixafar a l’adversari […]” (Quadern 13, Gramsci)

En l’ensenyament valencià crec que es podria fer una anàlisi paral·lela. Les passades eleccions sindicals (tant en l’escola pública com en l’escola concertada), han suposat a la meua entendre un reforçament de les posicions corporatives i dels discursos “antipolíticos” i a voltes “antisindicales”. De tal forma que un fenomen molt significatiu, coherent amb el discurs que he comentat, ha sigut el d’una alta abstenció: la participació en els processos d’eleccions sindicals en l’escola pública des dels 80 sempre van ser superiors al 60%, i en les de 2014 ha sigut del 45%. Al costat d’açò sembla haver calat en sectors majoritaris de treballadors i treballadores el relat que “si alguna cosa hem recuperat és perquè ens ho mereixíem, perquè s’acosten les eleccions, i no perquè la mobilització té influencia alguna en cap canvi”.

A més constatem que la centralitat del discurs i de les posicions dels sindicats majoritaris en l’ensenyament valencià passen a estar al voltant de demandes amb tints corporatius, destinades a col·lectius particulars de treballadors i treballadores (enfront d’altres col·lectius). En comptes d’avançar en un context de crisi econòmica i ampli rebuig a les polítiques de retallades, cap al discurs de crítica global, es parcialitzen i divideixen les lluites. Enfront de les demandes del conjunt de treballadors i treballadores i enfront del conjunt de la comunitat educativa. Només cal recórrer les webs d’alguns sindicats d’ensenyament valencià perquè un lector atent el puga contrastar ràpidament.

Un exemple molt evident és el paper que cada organització atorga en la seua proposta polític-sindical a una mobilització de caràcter ampli, unitària i de classe com és la manifestació de País Valencià del pròxim 9 de maig pel canvi educatiu.

En resum, en els mons polític i sindical, vivim un procés de reorganització de forces que poden constituir el que Gramsci cridava una “revolució passiva”. Està en marxa un procés de canvis socials i d’ajust en la correlació de forces, dirigit pel mateix bloc dominant. El poder vol una eixida des d’a dalt i la dreta, i tem un canvi des de baix i des de l’esquerra. Però en contextos socials de canvi, també les forces que aspiren a representar les aspiracions i interessos de les classes subalternes estan cridades a jugar el seu paper polític. També la pilota està en la nostra teulada.

 

Bibliografía:

  • Artículo de Alberto Garzon sobre la revolución pasiva

http://www.lamarea.com/2015/03/31/la-revolucion-pasiva-que-padecemos/

  • Gramsci “La poítica y el estado moderno” Ed. Público, 2009