La respuesta organizada: el sindicalismo, pero no sólo

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La primera noticia que podemos dar sobre el sindicalismo, y que no saldrá mañana en los medios de comunicación, es que el sindicalismo no sólo no ha desaparecido sino que ha mantenido el tipo frente a otras instituciones clásicas. Y no habrá sido porque no ha padecido erosión o cuestionamiento desde el orden dominante.

Sin duda a veces esta erosión ha sido consecuencia de los propios errores. Lo relevante, y que debemos denunciar, es la introducción de muchos elementos de la ideología dominante en las prácticas de algunos sindicatos. Esto muchos trabajadores, y la sociedad en general, lo ha detectado y ha generado un rechazo que no podemos despreciar.

No hay duda de que hay intereses muy parciales de los poderosos en aumentar el descontento hacia el sindicalismo en general. Está claro que para poder tomar medidas antisociales lo más inteligente es debilitar a aquellas organizaciones que van a oponerse a esas medidas. Las campañas de descredito han sido recurrentes. Aún más interesante es analizar las reformas contra la negociación colectiva de las últimas reformas laborales que tratan de dejar al mundo obrero sin herramientas para su defensa en común.

Las tendencias a la precarización del empleo junto con el debilitamiento de instituciones hasta ahora protagonistas de las relaciones laborales desde la negociación colectiva a las organizaciones sindicales, explican en gran medida el aumento de las situaciones de pobreza y de las desigualdades sociales.

 

Retos para el sindicalismo y para el mundo obrero:

Nos corresponde empujar junto a otros un sindicalismo de clase que defienda a los intereses de trabajadores y trabajadoras, porque tiene mucho que decir, y hacer, en la defensa del trabajo digno, de la vida decente y de la solidaridad como base de la cohesión de nuestras sociedades en nuestro mundo globalizado.

El protagonismo de los empobrecidos, del mundo obrero pobre, de las mujeres, de la gente que vive en los barrios de la periferia, marca la diferencia en una política hecha para la autorreproducción de la organización y una política al servicio de las personas y el bien común.

Respecto de los colectivos que surgen como alternativa al sindicato o por alejamiento de él, deben ser objeto de nuestro interés, atención y acompañamiento. El ejemplo más conocido es el de las Kellys, pero hay otras experiencias que aportan muchas novedades como las movilizaciones internacionales en Amazon, el sindicato de manteros, o las movilizaciones de los trabajadores de las empresas de “economía colaborativa” por nombrar algunos ejemplos. Sin duda hay de todo: desde justas plataformas ante la ausencia real de sindicalismo en el sector, hasta reivindicaciones con tintes corporativos. Hay de todo, pero el tiempo ayudará a situarse a todo el mundo, y nos toca estar del lado del mundo obrero y de la justicia.

El feminismo está jugando, y va a jugar en el futuro, un papel cada vez más relevante. La mujer ha vivido una situación de desprecio y opresión, junto con un silencio cómplice de muchos, que ha acabado por explotar y que va a transformar nuestras sociedades en un sentido progresista durante los próximos años. Hemos de estar ahí. No porque es donde van a estar muchas de las luchas del futuro, sino por meras razones de justicia e igualdad entre las personas.

Cuando el trabajo es precario, escaso y deslocalizado, hay que responder con propuestas de vida y acción colectivas. Se trata de responder a la organización descentralizada y fragmentada del trabajo e ir construyendo alternativas.

Hay que aportar elementos de regeneració n democrática, a la vez que se desarrolla una necesaria crítica al orden injusto existente. El mundo obrero está necesitado de personas, movimientos y colectivos que denuncien la realidad de injusticia, pongan atención a los débiles y se coloquen del lado de las personas en el conflicto capital-trabajo.